


La minería de criptomonedas es el proceso esencial que garantiza la seguridad y valida las transacciones en ciertas redes blockchain, siendo Bitcoin el ejemplo más conocido. En los sistemas Proof-of-Work (PoW), los mineros emplean equipos informáticos de alta potencia para resolver complejos problemas matemáticos en un entorno competitivo. Este proceso se asemeja a una carrera global en la que miles de ordenadores intentan simultáneamente encontrar la solución a un problema criptográfico, y el primero en lograrlo obtiene el derecho de añadir el siguiente bloque de transacciones al registro de la cadena.
La minería cumple dos funciones fundamentales en los ecosistemas blockchain. Por un lado, confirma y valida las transacciones, garantizando que la red opere de forma fluida y segura sin necesidad de una autoridad centralizada. Por otro, crea nuevas monedas y las introduce en circulación conforme a calendarios de emisión predeterminados. En definitiva, la minería sostiene a las criptomonedas PoW, preservando la integridad de la red mediante la potencia computacional distribuida.
Sin embargo, este mecanismo de seguridad exige recursos significativos. Las operaciones de minería requieren gran consumo eléctrico e infraestructuras específicas de hardware. Por ejemplo, la minería de Bitcoin ha evolucionado hasta necesitar instalaciones industriales con circuitos integrados de aplicación específica (ASIC) y consume una cantidad de energía comparable a la de países enteros. El carácter intensivo en energía de la minería PoW ha generado debates constantes sobre su sostenibilidad y el impacto ambiental en la comunidad de criptomonedas.
La minería de Ethereum fue el proceso por el cual los bloques de Ethereum se verificaban y añadían a la cadena antes de la transición de la red a Proof-of-Stake (PoS). Al igual que en Bitcoin, Ethereum utilizó originalmente el consenso Proof-of-Work. Los mineros empleaban sus equipos, principalmente tarjetas gráficas (GPU), para competir en la resolución de problemas criptográficos. Cada vez que un minero encontraba una solución válida, creaba un nuevo bloque con transacciones y recibía una recompensa en Ether (ETH).
La particularidad de Ethereum respecto a Bitcoin residía en el diseño de su algoritmo, que favorecía las GPU. El algoritmo Ethash se diseñó para ser intensivo en memoria, dificultando el uso de ASIC y permitiendo que la minería fuera accesible para usuarios individuales. Esta filosofía hizo que la minería de Ethereum fuera especialmente popular entre aficionados y mineros de pequeña escala, que podían reutilizar ordenadores de juegos o construir equipos personalizados con GPU. Para muchos entusiastas, esta accesibilidad era clave, ya que reducía la barrera de entrada frente a la creciente industrialización de la minería de Bitcoin.
Durante la era PoW, los mineros de Ethereum recibían recompensas por bloque que cambiaron con el tiempo. Durante un largo periodo, la recompensa fue de 2 ETH por bloque, además de las tarifas de transacción. Tras la EIP-1559 en agosto de 2021, parte de estas tarifas comenzaron a quemarse (eliminarse permanentemente), introduciendo un mecanismo deflacionario. Los bloques de Ethereum se generaban cada 12-15 segundos, lo que creaba una competición global constante entre mineros para descubrir el próximo bloque válido. Esta actividad no solo aseguraba la red, sino que también procesaba transacciones de todo tipo, desde transferencias de tokens hasta interacciones complejas con contratos inteligentes, incluyendo operaciones con NFT y DeFi.
El panorama cambió radicalmente en septiembre de 2022, cuando Ethereum realizó The Merge, una actualización histórica que transformó la red de Proof-of-Work a Proof-of-Stake. Esta transición modificó el modo de creación de nuevos bloques: en PoS, los bloques ya no son generados por mineros que compiten con potencia computacional, sino por validadores que bloquean su ETH como garantía para participar en el consenso. The Merge fue uno de los mayores hitos técnicos en blockchain, comparable a cambiar el motor de un vehículo mientras sigue en marcha. Así, la minería de Ethereum desapareció de la red principal, cerrando una etapa. Hoy, cuando se habla de minería de Ethereum, se hace referencia a prácticas históricas o a redes alternativas que aún usan PoW, no a una actividad vigente en Ethereum.
Antes del paso de Ethereum a Proof-of-Stake, la minería era una vía popular y accesible para obtener ETH. El atractivo de la minería de Ethereum respondía a varios motivos que interesaban tanto a quienes buscaban rentabilidad como a aficionados a la tecnología.
La posibilidad de obtener beneficios era el principal incentivo. Durante épocas de precios elevados de ETH y condiciones favorables, la minería generaba retornos considerables. Para muchos, minar era una alternativa atractiva a la compra directa de criptomonedas en mercados, permitiendo acumular ETH y beneficiarse de la apreciación del precio. La rentabilidad dependía de variables como eficiencia del hardware, coste eléctrico, dificultad de red y precio de ETH. En mercados alcistas, algunos mineros lograban márgenes que justificaban grandes inversiones en equipos.
Más allá del aspecto financiero, los mineros desempeñaban un papel clave en la infraestructura de la red. Validando transacciones y asegurando la cadena, contribuían a la descentralización y estabilidad de Ethereum. Esta implicación daba a los mineros sensación de pertenencia al ecosistema, sabiendo que su esfuerzo computacional ayudaba a mantener una de las redes blockchain más relevantes. La distribución de la minería entre miles de mineros reforzaba la resistencia de Ethereum frente a la centralización y la censura.
La accesibilidad y el valor formativo también animaban a muchos a minar Ethereum. A diferencia de Bitcoin, dominado por ASIC y grandes instalaciones, el algoritmo de Ethereum mantenía una barrera de entrada baja. Los aficionados podían empezar con tarjetas gráficas de consumo, a menudo con una sola GPU antes de ampliar su operación. Esta accesibilidad convertía la minería de Ethereum en una excelente puerta de entrada para quienes querían aprender sobre blockchain, consenso y economía cripto mediante experiencia directa. Para muchos, el aprendizaje era tan valioso como las recompensas, usando la minería para profundizar en sistemas descentralizados.
Aunque estos factores impulsaron el auge de la minería de Ethereum durante años, ya no aplican tras la transición a PoS. Sin embargo, conocer estos motivos históricos es clave para entender por qué la minería de Ethereum fue un fenómeno relevante en el ecosistema cripto.
Si bien la minería de Ethereum ya no es posible en la red principal, comprender el proceso histórico aporta información valiosa sobre el funcionamiento de las cadenas PoW. La configuración de la minería implicaba varios pasos técnicos antes de iniciar la operación.
La base de cualquier operación era el hardware. Los mineros usaban GPU de alto rendimiento para maximizar su potencia de cálculo. Los más experimentados montaban rigs especializados con varias tarjetas gráficas (entre 4 y 8 GPU por equipo) en chasis abiertos, fuentes de alimentación robustas y sistemas de refrigeración. Las tarjetas de NVIDIA y AMD eran las más demandadas, especialmente modelos como RTX 3080, RTX 3090 y RX 6800 XT por su eficiencia. La inversión inicial podía ir desde unos cientos de dólares por una GPU hasta decenas de miles para operaciones industriales.
Una vez montado el hardware, era necesario instalar software de minería para conectar el equipo a la red y gestionar el proceso. Los programas más usados eran Ethminer, PhoenixMiner y T-Rex Miner, cada uno con funciones y optimizaciones distintas. Estas aplicaciones gestionaban los cálculos criptográficos, la comunicación con pools y la monitorización del rendimiento. Los mineros dedicaban mucho tiempo a ajustar parámetros, hacer overclocking y optimizar el consumo eléctrico para mejorar la eficiencia.
La mayoría de los mineros individuales prefería unirse a pools de minería en vez de operar en solitario. Los pools agrupan la potencia computacional de varios participantes, aumentando la probabilidad de encontrar bloques. Cuando un pool mina un bloque, las recompensas se reparten según el hash rate aportado. Este método ofrecía ingresos más estables que la minería individual, donde las recompensas eran menos frecuentes pero mayores. Los pools más populares de Ethereum eran Ethermine, F2Pool y SparkPool, con tarifas reducidas (1-2 %).
Configurar una billetera de Ethereum era fundamental para recibir las recompensas. Los mineros generaban una dirección y ajustaban el software para enviar el ETH ganado a esa dirección. Muchos optaban por billeteras de software como MetaMask o billeteras hardware como Ledger, especialmente a medida que sus tenencias aumentaban.
Por último, mantener una operación exitosa requería monitorización y mantenimiento continuo. Los mineros debían vigilar la temperatura para evitar daños, controlar el hash rate para asegurar el rendimiento y calcular la rentabilidad considerando el coste eléctrico. Muchos recurrían a programas y aplicaciones móviles para recibir alertas de fallos y minimizar los tiempos de inactividad.
Estos pasos fueron esenciales en la minería de Ethereum durante la era PoW. Aunque ya no aplican a ETH, procesos similares siguen vigentes en otras criptomonedas PoW que emplean este consenso.
La minería de Ethereum no es rentable hoy en día por una razón clave: ya no existe en la red principal. Desde la transición a Proof-of-Stake con The Merge en septiembre de 2022, la red eliminó por completo la dependencia de los mineros. Las recompensas por bloque ya no se otorgan a quienes resuelven problemas computacionales, por lo que los equipos y operaciones tradicionales para obtener ETH han quedado obsoletos.
Tras este cambio, muchos antiguos mineros de ETH tuvieron que decidir qué hacer con sus inversiones en hardware. Algunos intentaron redirigir sus rigs de GPU a la minería de criptomonedas PoW alternativas como Ethereum Classic (ETC), Ravencoin (RVN), Ergo (ERG) o Flux (FLUX). Sin embargo, la migración masiva de potencia computacional generó grandes dificultades. Estas redes, antes con poca presencia minera, se saturaron con el exceso de capacidad procedente de Ethereum, lo que disparó la dificultad mientras el valor de sus tokens y el volumen de transacciones seguían siendo modestos frente a Ethereum.
La realidad económica de la minería con GPU es cada vez más compleja. La rentabilidad depende de la eficiencia del hardware, el coste eléctrico, la dificultad de la red y el precio del activo. Con el aumento de la competencia en redes PoW alternativas y precios bajos, muchos mineros apenas cubren gastos o incluso operan en pérdidas, especialmente en regiones con tarifas eléctricas altas. Algunos optaron por vender sus equipos, saturando el mercado de GPU usadas; otros dejaron sus rigs inactivos, esperando mejores condiciones de mercado.
Hoy, quienes quieren obtener ETH recurren principalmente al staking. En vez de emplear equipos intensivos en energía, los participantes ganan recompensas bloqueando ETH y actuando como validadores en el sistema PoS. Aunque los retornos (normalmente del 3-5 % anual) son más bajos que los posibles beneficios de la minería en épocas favorables, ofrece ventajas: menor consumo energético, menos requisitos de hardware, mayor accesibilidad para pequeños usuarios y alineación con los objetivos de sostenibilidad de Ethereum. El staking es la evolución de la participación en la red, reemplazando la competencia computacional por un modelo de seguridad económica basado en el compromiso de capital.
En la mayoría de países, la minería de criptomonedas sigue siendo legal, aunque la minería de Ethereum ha dejado de ser relevante tras la transición de la red desde Proof-of-Work. Como Ethereum ya no utiliza la minería para producir bloques, no existen cuestiones legales específicas sobre minar ETH en la red principal.
Para quienes consideren minar otras monedas con PoW, el marco legal varía según la región. En muchos países, como Estados Unidos, Canadá y la mayoría de Europa, la minería se reconoce como actividad empresarial legal, sujeta a licencias, normas eléctricas y obligaciones fiscales sobre los ingresos. Los mineros deben cumplir la normativa local en todos estos aspectos.
Por el contrario, algunos países han impuesto restricciones o prohibiciones, principalmente por el consumo energético y la estabilidad de la red eléctrica. China, que albergó la mayor parte de la minería mundial de Bitcoin, prohibió la minería en 2021, provocando la migración de la industria. También Kosovo, Irán (en determinados periodos) y Argelia han restringido o prohibido la minería, normalmente por el robo de electricidad, el estrés en la red o políticas generales sobre criptomonedas.
En cuanto a Ethereum, el staking ha sustituido a la minería como principal mecanismo de participación. El staking se considera generalmente una forma legal de generar ingresos pasivos, aunque la regulación sigue evolucionando. Los participantes deben saber que las recompensas de staking suelen tributar como ingresos, por lo que es necesario declararlas ante Hacienda. El tratamiento fiscal varía, y algunos países gravan las recompensas al recibirlas y otros solo al vender o intercambiar los activos bloqueados.
Quien quiera participar en redes de criptomonedas, ya sea minando monedas alternativas o haciendo staking de ETH, debe informarse sobre la normativa local y consultar con expertos legales y fiscales. El marco regulatorio de las criptomonedas evoluciona rápidamente y los requisitos pueden cambiar conforme los gobiernos ajustan sus políticas sobre activos digitales.
La minería de Ethereum ha quedado oficialmente en el pasado como un capítulo cerrado en la evolución de blockchain. Desde la transición exitosa a Proof-of-Stake con The Merge en septiembre de 2022, la minería tradicional desapareció del consenso de Ethereum. Ganar ETH ejecutando rigs de GPU y resolviendo problemas criptográficos es cosa del pasado; las recompensas por bloque ahora se reparten mediante un sistema distinto. Quien se plantee si la minería de Ethereum sigue siendo viable debe saber que la respuesta es rotunda: no.
Esta transformación no implica un retroceso para Ethereum. Al contrario, la red ha evolucionado hacia un modelo más sostenible y escalable. Eliminar la minería intensiva en energía ha reducido el consumo de Ethereum cerca de un 99,95 %, respondiendo a una de las críticas principales al sector. Este cambio se ajusta al creciente interés mundial por la sostenibilidad ambiental y refuerza la viabilidad futura de Ethereum.
Para quienes quieran ganar ETH y apoyar la red hoy, el staking es la alternativa. Aunque el staking no requiere instalaciones de hardware ni la complejidad técnica de la minería, es más eficiente energéticamente, accesible económicamente y responsable con el medio ambiente. El staking permite contribuir a la seguridad de Ethereum y obtener recompensas mediante el compromiso de capital, no la competencia computacional.
El futuro de Ethereum sigue siendo prometedor y dinámico, impulsado por el desarrollo de soluciones de escalado de capa 2, mejoras de protocolo y la mayor adopción del ecosistema. La red ha cambiado su base, reemplazando la intensidad computacional de la minería por el modelo de seguridad económica del staking. Este avance demuestra la capacidad de innovación de la tecnología blockchain, manteniendo la continuidad y la seguridad de la red. Aunque la era de la minería terminó, Ethereum sigue avanzando con un enfoque renovado en sostenibilidad, escalabilidad y accesibilidad.
No. Ethereum adoptó Proof of Stake tras The Merge en septiembre de 2022, eliminando la minería por completo. Los mineros migraron a otras criptomonedas, elevando considerablemente la dificultad en esas redes.
No. Ethereum dejó de admitir la minería tras pasar a Proof of Stake en septiembre de 2022. La minería tradicional ya no es posible y quien afirme lo contrario puede estar engañando.
La minería de Ethereum requiere GPU como hardware. Los costes principales son el equipo de GPU, el consumo eléctrico y las tarifas de mantenimiento. La inversión total depende del precio del hardware y las tarifas eléctricas locales.
La minería de Ethereum genera aproximadamente 5 USD diarios, variando según el hardware y los costes eléctricos. Los rendimientos fluctúan con el tiempo y dependen de las circunstancias particulares y la eficiencia del equipo.
La minería de Ethereum ofrece barreras de entrada más bajas que Bitcoin y mayor participación con GPU. Los mecanismos de ajuste crean más oportunidades para nuevos mineros, especialmente en pools, con competencia menos concentrada.
La minería individual puede ofrecer recompensas más altas pero ingresos inestables y requisitos técnicos elevados. La minería en pool proporciona rendimientos estables y predecibles con menos barreras técnicas, siendo la opción preferida para quienes buscan ingresos constantes.
Minar Ethereum suele requerir alrededor de un año para recuperar la inversión, dependiendo del coste del hardware, el gasto eléctrico y el precio de ETH. La rentabilidad varía según la dificultad de minería y las condiciones de mercado.











