


Un bull run es un periodo sostenido de fuerte impulso alcista en el mercado de criptomonedas, una fase clave en el ciclo amplio del mercado: caída, acumulación, repunte y repetición. Este patrón cíclico ha marcado la evolución de los mercados cripto desde su origen.
El movimiento alcista suele iniciarse con Bitcoin, pasa a las altcoins de gran capitalización y finalmente se extiende por todo el ecosistema del mercado. El ciclo de 4 años de Bitcoin ha mostrado una regularidad notable, con grandes bull runs en el cuarto año de cada ciclo: 2013, 2017, 2021 y la reciente fase de 2025. La relación con los halvings de Bitcoin es directa, ya que estos eventos reducen la recompensa por bloque y generan escasez de oferta.
Para ilustrar el contraste entre los ciclos recientes:
El mercado cripto ha atravesado varios trimestres de la fase alcista reciente, con Bitcoin manteniéndose por encima de los 100 000 $ durante largos periodos. Este hito refleja mayor madurez y confianza institucional. La pregunta es: ¿este ciclo repetirá el patrón de 4 años o la fase actual romperá esa cadencia?
En 2021, cripto era el espacio de experimentación para creadores digitales e inversores minoristas en busca de oportunidades nuevas.
NFTs (Non-Fungible Tokens): El mercado de NFT experimentó un crecimiento espectacular en arte, música, gaming y cultura pop, con la idea de que “cualquiera podía hacerse rico con el JPEG correcto”. Proyectos como CryptoPunks y Bored Ape Yacht Club se volvieron fenómenos culturales, con ventas millonarias. Esto democratizó la propiedad digital y elevó la especulación.
Play-to-Earn (GameFi): Plataformas como Axie Infinity y los primeros metaversos presentaron la narrativa: “juega y gana dinero real”. Los tokens de juego se convirtieron en fuentes de ingresos legítimas, especialmente en países en desarrollo donde superaban salarios convencionales. El sector GameFi atrajo miles de millones y millones de usuarios activos.
Fiebre del Metaverso: Plataformas como Decentraland y The Sandbox se hicieron populares, permitiendo a los usuarios poseer terrenos, intercambiar activos, socializar y construir mundos virtuales. Marcas y celebridades compraron bienes digitales, señalando la aceptación general del metaverso.
Expansión DeFi: Tras su auge en 2020, las finanzas descentralizadas crecieron con fuerza. La liquidez se canalizó hacia protocolos de préstamos, exchanges descentralizados (DEX) y stablecoins, creando una base de liquidez masiva en la blockchain. El TVL alcanzó máximos históricos.
Explosión de Layer 1: Las altas comisiones de Ethereum impulsaron alternativas Layer 1 como Solana, Avalanche, Terra y Binance Smart Chain (la era de los “ETH killers”). Estas plataformas ofrecieron mayor velocidad y menores comisiones, atrayendo desarrolladores y usuarios.
Cultura Memecoin: Tokens como DOGE, SHIBA y FLOKI se convirtieron en movimientos sociales y culturales. Popularizaron la adopción minorista y el valor comunitario, mostrando la fuerza de las comunidades y el efecto de las redes sociales.
Entrada institucional: Empresas como MicroStrategy, Tesla y El Salvador realizaron grandes compras de Bitcoin, marcando la entrada del cripto en las finanzas tradicionales y aportando validación y experiencia institucional al sector.
Social Tokens y DAOs: Las comunidades comenzaron a tokenizarse, explorando la gobernanza DAO y modelos colectivos de propiedad, marcando una transición hacia la toma de decisiones y distribución de valor basada en la comunidad.
El ciclo de 2021 destacó por subidas y caídas abruptas. Fue el cénit de la cultura digital y el hype creativo, pero también el inicio del crecimiento de infraestructuras Layer 1 y Layer 2 y de la concienciación institucional.
En la fase reciente, el foco se ha desplazado hacia la utilidad real y la integración financiera, señalando la madurez del ecosistema cripto.
Tokenización de RWA (Real-World Assets): Activos físicos como inmobiliario, bonos, materias primas y arte se tokenizan en formatos líquidos, transparentes y accesibles. Esto conecta las finanzas tradicionales y blockchain, permite la propiedad fraccionada y el trading 24/7 de activos antes ilíquidos. Se prevé que el sector RWA alcance los 16 billones de dólares en 2030, una de las mayores oportunidades para blockchain.
IA x Cripto (DeFAI): La integración de inteligencia artificial y cripto genera nuevos paradigmas. Desde bots de trading autónomos hasta protocolos de datos y sistemas de seguridad potenciados por IA, la inteligencia artificial impulsa la eficiencia y la innovación. Surgen herramientas como analítica predictiva, market making automatizado y gestión avanzada de riesgos.
Crypto ETFs y stablecoins: Los ETFs de Bitcoin y Ethereum han debutado en los principales mercados, facilitando la entrada de fondos de pensiones, aseguradoras y empresas en cripto. Esto ha eliminado barreras para la adopción institucional. Paralelamente, las stablecoins (USDT, USDC) son ahora la base de los pagos digitales globales, con volúmenes que rivalizan con las redes tradicionales.
DePIN (Decentralized Physical Infrastructure Networks): Este sector conecta blockchain y la infraestructura física:
Memecoins e InfoFi:
El ciclo reciente se caracteriza por un crecimiento más pausado, consolidaciones prolongadas y mayor sensibilidad al contexto macroeconómico. Es una transición de la especulación cultural a la integración con las finanzas globales, la infraestructura de datos y la inteligencia artificial.
En 2021, la regulación cripto era ambigua y muchas veces hostil. Bajo el liderazgo de Gary Gensler al frente de la SEC, todo excepto Bitcoin era considerado un valor, lo que dio lugar a múltiples litigios que frenaron el desarrollo y la innovación. La incertidumbre regulatoria complicó operar legalmente manteniendo la descentralización.
En la fase reciente, el entorno ha dado un giro radical:
Administración presidencial pro-cripto: La llegada de un presidente estadounidense favorable a las criptomonedas y la salida de Gensler mejoraron notablemente el sentimiento de mercado y las perspectivas regulatorias. Se aprueban leyes y políticas pro-cripto, impulsando la innovación.
GENIUS Act (18 de julio de 2025): Esta norma pionera definió por primera vez las “stablecoins de pago”, exigiendo respaldo 1:1 en USD o activos seguros. En un mes, la capitalización de mercado de las stablecoins pasó de 260 000 a 278 000 millones de dólares (+7 %), un reflejo del impacto positivo de la claridad regulatoria.
Reserva estratégica de Bitcoin (6 de marzo de 2025): La creación de una reserva nacional de Bitcoin fue un hito histórico. Además, estados como New Hampshire y Texas han iniciado sus propias reservas, lo que confirma la aceptación de Bitcoin como activo estratégico.
Legitimidad de Bitcoin y stablecoins: Estos cambios regulatorios han convertido el cripto en un pilar de las finanzas tradicionales. Bitcoin es cada vez más reconocido como reserva de valor, y las stablecoins como sistemas de pago eficientes que complementan la infraestructura financiera.
El sector cripto ha pasado del caos a un mercado más profesional. Aunque la regulación ha aumentado, Bitcoin mantiene sus principios: descentralización, resistencia a la censura y preservación de valor. La claridad normativa ha fortalecido el ecosistema, aportando certeza legal y preservando la esencia innovadora del cripto.
Durante años, el cripto ha seguido fielmente un ciclo de 4 años vinculado a los halvings de Bitcoin. Cada halving solía preceder a un bull run y a una posterior corrección bajista severa, un patrón constante que ofrecía oportunidades predecibles a los inversores informados.
Sin embargo, voces relevantes como Raoul Pal (ex gestor de hedge funds en Goldman Sachs y cofundador de Real Vision) sugieren que, en esta ocasión, el ciclo podría durar 5 años o más entre máximos y mínimos. Apuntan a varios factores:
Se plantean dos escenarios principales:
Si se repite el ciclo de 4 años: El mercado podría tener una ventana limitada para ganancias explosivas antes de la corrección. En este caso, conviene asegurar beneficios, reducir riesgo y reequilibrar carteras para preservar capital, vigilando señales clásicas como apalancamiento extremo, euforia minorista y cobertura mediática masiva.
Si el ciclo se prolonga a 5 años (o más): El bull run seguiría durante más tiempo, abriendo oportunidades en varios sectores. Un ciclo más largo facilitaría un crecimiento más sostenible, acumulación institucional y adopción masiva. Aquí, la gestión del riesgo mediante diversificación y control del tamaño de posición es clave.
En cualquier caso, la lección central es la misma: no puedes controlar el mercado, pero sí la gestión del riesgo. El éxito consiste en:
Todas las clases de activos siguen ciclos —de 4, 5 o incluso 10 años— y las criptomonedas no son la excepción. El mercado cripto se está alineando con el ritmo global de los mercados financieros: nada sube ni baja eternamente. Este carácter cíclico refleja el vaivén natural del sentimiento inversor, la asignación de capital y la adopción tecnológica.
Los ciclos se repiten con matices. Quien aprende a navegar en ellos acumula riqueza duradera para sí y su familia. El éxito no reside en acertar el máximo o mínimo, sino en comprender los ciclos, gestionar el riesgo y mantener la disciplina tanto en subidas eufóricas como en correcciones.
La transición de 2021 al ciclo actual es más que un nuevo ciclo: representa la evolución del cripto, de un entorno especulativo a un pilar del sistema financiero global. Con la adopción institucional, la consolidación regulatoria y la proliferación de casos de uso real, el mercado de criptomonedas madura como una clase de activo más estable y aún dinámica.
Quienes se adapten a estos cambios y ajusten su estrategia estarán mejor posicionados para aprovechar el ciclo actual y futuras oportunidades. El valor fundamental de la tecnología blockchain —descentralización, transparencia y confianza programable— sigue intacto y es motor de innovación en finanzas, tecnología y más allá.
Independientemente de que este ciclo termine en el plazo tradicional de 4 años o se extienda, la adopción cripto a largo plazo es sólida. La integración de activos reales, IA, capital institucional y claridad regulatoria convierte la criptomoneda en un pilar del futuro sistema financiero.
El bull run de 2021 estuvo impulsado por la adopción minorista y la innovación tecnológica. El de 2025 lo lideran la inversión institucional, la mejora regulatoria y la adopción corporativa de blockchain.
Bitcoin lideró en 2021, mientras que Solana y las soluciones layer-2 destacan en 2025. El patrón no se repite por completo: 2025 prioriza utilidad y adopción frente a pura especulación, y la participación institucional transforma la dinámica del mercado.
Sí. El bull run de 2025 es más racional y sostenible gracias a una regulación más clara, controles de riesgo estrictos y un sentimiento minorista más estable, lo que consolida una base sólida para el crecimiento a largo plazo.
Menor. El bull market de 2025 tiene mayor participación institucional, reduciendo la volatilidad respecto al ciclo de 2021 dominado por minoristas.
Entre las lecciones clave: autocustodia de activos, disciplina en la tenencia a largo plazo, diversificación de cartera, evitar trading emocional en picos de hype y aplicar una gestión de riesgos efectiva. Estos principios siguen siendo esenciales para navegar las fases del mercado.
Bitcoin marcó nuevos máximos en ambos ciclos. Sin embargo, Ethereum tuvo un rendimiento inferior en 2025 respecto a 2021 y las altcoins quedaron aún más rezagadas esta vez.











