
En el dinámico mundo de las criptomonedas, distinguir entre tokens fungibles y no fungibles resulta imprescindible para traders y entusiastas. En este artículo se exploran en detalle las particularidades de ambos tipos de activos digitales, analizando sus características, casos de uso e implicaciones en el sector cripto.
La fungibilidad es un concepto esencial tanto en la economía tradicional como en la digital. Indica la capacidad de un activo para ser intercambiado por otras unidades del mismo tipo. Es decir, los activos fungibles pueden cambiarse fácilmente en una proporción 1:1 sin perder valor. Ejemplos de activos fungibles son las monedas fiduciarias como el dólar estadounidense, donde cada billete tiene idéntico valor y puede intercambiarse sin restricciones por cualquier otro.
En el universo de las criptomonedas, los tokens fungibles comparten las propiedades de los activos fungibles tradicionales. Estas monedas digitales son indistinguibles entre sí, divisibles y pueden intercambiarse en una proporción 1:1 sin diferencias de valor. Bitcoin (BTC), Ethereum (ETH) y stablecoins como USD Coin (USDC) son claros ejemplos de criptomonedas fungibles. Cada unidad mantiene el mismo valor y puede negociarse de manera eficiente en distintas plataformas de criptomonedas.
Los tokens no fungibles (NFT) han supuesto una auténtica revolución en el ámbito de los activos digitales. A diferencia de los tokens fungibles, los NFT son piezas digitales únicas con titularidad y autenticidad verificadas en una blockchain. Cada NFT posee rasgos exclusivos que lo diferencian del resto, por lo que no se pueden intercambiar de forma equivalente. Los NFT pueden representar múltiples contenidos digitales, como obras de arte, música, terrenos virtuales o coleccionables. Su singularidad ha impulsado especialmente su uso en el arte digital y los videojuegos.
La diferencia entre los activos fungibles y no fungibles va más allá de la definición básica. Las principales diferencias son:
El concepto de activos semi-fungibles conecta los tokens fungibles y no fungibles. Estos activos combinan características de ambos tipos, comenzando habitualmente como tokens fungibles para convertirse en no fungibles en situaciones concretas. Por ejemplo, las entradas para eventos o los tokens promocionales con tiempo limitado se consideran semi-fungibles: inicialmente tienen un valor común, pero tras su uso o caducidad pasan a ser coleccionables únicos.
La diferencia entre tokens fungibles y no fungibles es clave para comprender la diversidad del universo de los activos digitales. Mientras los tokens fungibles mantienen su papel esencial en las transacciones y como reserva de valor, los no fungibles abren nuevas oportunidades para la propiedad digital, la creatividad y la generación de valor. A medida que evoluciona el ecosistema blockchain, la interacción entre ambos tipos de activos marcará el futuro de las economías digitales y transformará el concepto de propiedad en la era digital.
Un ejemplo de token fungible son los ERC-20 de Ethereum, como las stablecoins. Estos tokens se pueden intercambiar y mantienen el mismo valor dentro de sus respectivos ecosistemas.
Los NFT son activos digitales únicos con titularidad verificable, mientras que los tokens fungibles son intercambiables, como las criptomonedas. Los NFT no se pueden dividir y son exclusivos; los tokens fungibles son divisibles e idénticos.
Un activo fungible es intercambiable e idéntico, como una moneda. Un activo no fungible es único y no puede sustituirse por otro de igual valor, como los NFT.
Sí, los NFT mantienen valor en 2025, especialmente en el ámbito de los videojuegos y la identidad digital. Aunque muchos han perdido valor, las colecciones consolidadas y aquellas con utilidad real siguen siendo valiosas. El mercado continúa siendo dinámico y se orienta hacia aplicaciones prácticas.











