


Internet ha evolucionado desde la Web 1.0, caracterizada por la simple lectura, hacia la Web 2.0, una etapa definida por la participación activa de los usuarios y el énfasis en las redes sociales. En los últimos años, avanzamos progresivamente hacia la siguiente fase de internet: Web 3.0, o Web3, en el ámbito de los activos digitales.
Web3 abre posibilidades transformadoras, haciendo posible la verdadera propiedad digital, transacciones online sin fricciones y un mayor control de los datos personales. El ecosistema de blockchain y criptomonedas ya ha desarrollado productos eficaces para Web3. Por ejemplo, los usuarios pueden realizar pagos entre pares sin intermediarios y coleccionar o poseer activos digitales a través de billeteras de criptoactivos. Es relevante que muchos proyectos basados en blockchain son descentralizados por naturaleza, lo que permite que cualquier persona en el mundo los utilice y acceda libremente.
Los activos digitales se convierten en parte fundamental e intrínseca de Web3, una nueva generación de internet que promete solucionar carencias importantes de la Web actual. Entre ellas, la concentración de poder en grandes plataformas de redes sociales y el uso de datos personales sin consentimiento explícito del usuario. La descentralización y la ausencia de permisos que brinda blockchain es clave para distribuir el poder mediático de forma justa, reemplazando el control centralizado de agencias y organizaciones.
Los activos digitales no solo constituyen la infraestructura de pagos nativa de Web3, sino que también funcionan como tokens programables con múltiples utilidades en economías digitales complejas. Blockchain y las criptomonedas aportan infraestructura técnica y, además, impulsan una descentralización más profunda y una mayor implicación comunitaria mediante las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO). Estas entidades permiten a los usuarios participar en la gobernanza y la toma de decisiones de manera democrática y transparente.
La evolución de internet suele dividirse en tres etapas: Web1, Web2 y Web3. Cada una marca un hito tecnológico y modifica la relación de los usuarios con la red.
En la época de la Web1 (década de 1990 hasta principios de 2000), los usuarios no podían modificar datos online ni subir contenido propio a los sitios web. Internet consistía básicamente en páginas HTML estáticas, lo que permitía solo experiencias unidireccionales y básicas, como leer foros o noticias. Web1 se centraba en la visualización de contenido, con escasa interacción y usuarios mayoritariamente pasivos.
Web2 surgió después como una internet mucho más dinámica e interactiva, donde los usuarios podían participar de forma activa creando y compartiendo contenido. Plataformas como Facebook, YouTube y Twitter permitieron tanto consumir como producir información. Sin embargo, como estas interacciones estaban controladas por plataformas centralizadas, Web2 dio lugar al dominio de gigantes tecnológicos como Google, Facebook o Amazon.
El actual ecosistema de Web2 enfrenta una presión creciente para evolucionar, ya que sus vulnerabilidades y limitaciones son cada vez más evidentes. Los usuarios muestran una preocupación creciente por el seguimiento, la recopilación y el uso de sus datos personales, así como por la censura de contenidos y la libertad de expresión.
La concentración de poder en las tecnológicas resulta especialmente problemática, pues emplean sus posiciones de monopolio para prohibir, restringir o eliminar usuarios y organizaciones, a menudo sin justificación clara ni procedimientos transparentes. Además, las empresas de Web2 utilizan sistemáticamente los datos de usuarios para maximizar la interacción en sus plataformas y orientar la publicidad en beneficio de terceros. Estos incentivos provocan que las compañías prioricen sus intereses económicos por encima del bienestar de los usuarios.
Web3 propone una red mejor, más justa y transparente. Sus principales ventajas son la descentralización de las plataformas online (sin control de una sola entidad), la ausencia de necesidad de confianza (no es preciso depender de intermediarios) y la participación abierta (sin necesidad de permisos). Web3 también incorpora la propiedad digital real, sistemas de pago nativos y resistencia a la censura como nuevos estándares para productos y servicios online.
Blockchain y las criptomonedas están especialmente bien posicionados como tecnologías fundacionales para Web3, ya que, por diseño, son descentralizados y permiten a cualquier usuario registrar datos en cadena, custodiar activos y crear identidades digitales independientes y seguras.
Descentralización: Como se ha explicado, uno de los mayores problemas de Web2 es la concentración de poder y datos en un reducido número de actores. Blockchain y las criptomonedas pueden descentralizar Web3 distribuyendo la información y el poder entre los usuarios. Web3 puede basarse en registros distribuidos públicos respaldados por blockchain para garantizar mucha más transparencia y descentralización que los sistemas tradicionales.
Sin permisos: Los proyectos y aplicaciones basados en blockchain pueden reemplazar los sistemas propietarios y cerrados por código abierto accesible a todos. El carácter sin permisos de las aplicaciones descentralizadas (dApps) permite que cualquier persona, sin importar su ubicación o estatus, acceda e interactúe con ellas, sin requerir aprobación ni condiciones restrictivas.
Sin confianza: Blockchain y las criptomonedas eliminan la necesidad de confiar en intermediarios como bancos, empresas de pagos u organizaciones centrales. Los usuarios de Web3 pueden operar directamente, confiando únicamente en la red blockchain y sus reglas transparentes y programadas. Esto minimiza el riesgo de fraude y refuerza la confianza en el sistema.
Infraestructura de pagos: Las criptomonedas actúan como columna vertebral eficiente de los pagos digitales nativos en Web3. Los activos digitales pueden mejorar drásticamente la infraestructura de pagos lenta, costosa y compleja de Web2, ya que no tienen fronteras, operan las 24 horas y no requieren intermediarios costosos. Así, los pagos son más rápidos y baratos.
Propiedad: Las criptomonedas posibilitan herramientas avanzadas como las billeteras, que permiten a los usuarios gestionar y custodiar sus fondos sin bancos ni plataformas centralizadas. Los usuarios pueden conectar fácilmente sus billeteras a dApps para invertir, prestar, comprar, jugar o mostrar e intercambiar coleccionables digitales como NFT. Además, cualquiera puede verificar de forma independiente la propiedad de estos activos gracias al registro público y transparente de blockchain.
Resistencia a la censura: Las redes blockchain están diseñadas para ofrecer una resistencia robusta a la censura, de modo que ninguna parte, ni siquiera gobiernos u organizaciones poderosas, puede modificar, eliminar o falsificar registros de transacciones confirmadas. Una vez que los datos se añaden a una blockchain como Ethereum y son validados por la red, se consideran prácticamente inmutables. Esto protege la libertad de expresión y la información frente a la censura arbitraria de gobiernos, empresas u otros actores.
Web3 no se limita a blockchain ni a las criptomonedas, sino que también puede integrar otras tecnologías avanzadas ajenas a este ámbito. Por ejemplo, la Realidad Aumentada (AR), la Realidad Virtual (VR), el Internet de las Cosas (IoT) y el metaverso pueden ser esenciales para la nueva era de internet.
Aunque blockchain puede ser la infraestructura más relevante para Web3, gracias a la seguridad, transparencia y descentralización que proporciona, estas otras tecnologías y soluciones pueden enriquecer la experiencia digital y fortalecer los vínculos con el mundo real.
En particular, el IoT puede conectar miles de millones de dispositivos, desde smartphones y aparatos domésticos inteligentes hasta sensores industriales, creando una red interactiva de dispositivos inteligentes. Por su parte, AR superpone elementos digitales e información sobre el mundo real mediante cámaras o gafas inteligentes, mientras que VR genera entornos digitales completos con objetos representados como activos digitales. La integración y el escalado de estas tecnologías harán posible un metaverso Web3 unificado: un entorno virtual donde las personas trabajan, se entretienen, se relacionan y crean.
Las criptomonedas no son solo una plataforma de pagos digitales: los tokens de utilidad pueden habilitar multitud de casos de uso esenciales en Web3, como el acceso a servicios, votaciones de gobernanza, recompensas o reparto de beneficios. Los tokens no fungibles (NFT) pueden verificar identidades únicas y la propiedad de activos digitales, sin renunciar al control del usuario ni a la privacidad de los datos.
Blockchain puede convertirse en una de las bases principales de Web3, aunque curiosamente, los usuarios finales quizá no perciban ni valoren su presencia. Si las aplicaciones basadas en blockchain resultan fáciles de usar e intuitivas, la gente no tendrá que preocuparse por la infraestructura técnica, como nunca nos preocupamos por los servidores o protocolos de internet al usar redes sociales en la era Web2.
Los NFT permiten a los usuarios mostrar y presumir coleccionables digitales únicos en la comunidad, contribuyendo a identidades digitales singulares y personalizadas en Web3. Más allá de los coleccionables, los NFT pueden representar la propiedad de activos físicos, entradas a eventos, certificados académicos o gestionar procesos fundamentales en juegos como la propiedad de objetos, personajes y tierras virtuales.
Blockchain y las criptomonedas pueden transformar radicalmente la forma en que los usuarios de Web3 se organizan, coordinan y ejecutan acciones colectivas gracias a las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO). Estas organizaciones posibilitan la autoorganización en torno a intereses y fines comunes, sin autoridad central ni jerarquía. Los titulares de tokens de gobernanza votan democráticamente para decidir la dirección, la estrategia y las acciones de la entidad. Todas las actividades, transacciones y resultados de votaciones quedan registrados públicamente en la blockchain, al alcance de cualquier auditor. Así, las DAO tienen un gran potencial para hacer que Web3 sea más descentralizado, transparente y genuinamente gestionado por la comunidad.
Web3 posee un gran potencial para solucionar problemas estructurales esenciales de internet y reducir considerablemente el poder monopolístico de las grandes tecnológicas. Sin embargo, hay que admitir que gran parte de esta visión todavía es aspiracional y no una realidad tangible. Seguimos en las primeras fases de la revolución Web3, con importantes desafíos tecnológicos, regulatorios y de adopción de usuarios por delante.
Aun así, estas tecnologías fundacionales, especialmente blockchain y las criptomonedas, probablemente serán la base de la próxima etapa en el desarrollo y evolución de la Web. Expertos e investigadores suelen destacar blockchain y las criptomonedas entre las tecnologías más prometedoras para impulsar la revolución Web3, ya que están pensadas para facilitar interacciones descentralizadas, sin permisos y sin confianza.
Es relevante señalar que blockchain y los activos digitales no compiten ni sustituyen a otras tecnologías fundamentales de Web3 como AR, VR o IoT. Por el contrario, pueden complementarse y reforzarse para construir un ecosistema más completo. En resumen, si se integran de forma inteligente y armoniosa, proporcionarán las soluciones más sólidas, dando lugar a un Web3 integral y eficaz.
Blockchain es la tecnología base para el almacenamiento de datos, mientras que Web3 es el ecosistema de aplicaciones que se construye sobre ella. Blockchain equivale al backend y Web3 es la capa de aplicaciones e interfaz de usuario.
Blockchain aporta una plataforma descentralizada, segura y transparente para Web3. Permite transacciones digitales seguras, elimina intermediarios y crea nuevos modelos económicos digitales. Esta tecnología constituye la base de aplicaciones Web3 sostenibles.
Web3 requiere blockchain para garantizar la transparencia, la inmutabilidad de los datos y la protección de la privacidad del usuario. Blockchain aporta un registro distribuido y descentralizado, lo que permite el intercambio fiable de datos entre distintas plataformas.
Blockchain es la columna vertebral de Web3, construyendo redes descentralizadas, asegurando la integridad de los datos y permitiendo a los usuarios controlar sus activos mediante contratos inteligentes automatizados.
Blockchain en Web3 facilita transacciones descentralizadas, seguras y transparentes sin intermediarios. Refuerza la privacidad del usuario, reduce costes eliminando agentes y permite el intercambio directo de valor entre partes.
Web3 depende de tecnologías de capa 2 como Optimism, Arbitrum, contratos inteligentes, oráculos como Chainlink para datos fuera de la cadena y protocolos de consenso distribuido.
Blockchain y Web3 tienen un enorme potencial de crecimiento, impulsados por la adopción creciente en finanzas descentralizadas y nuevas aplicaciones para la seguridad de los datos. La innovación sigue avanzando de forma sostenida.











