

El concepto de una moneda común para los países BRICS ha sido objeto de debate durante más de una década. Esta iniciativa representa un esfuerzo estratégico de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica para transformar la arquitectura financiera global. El principal objetivo de crear una moneda BRICS es reducir la fuerte dependencia del dólar estadounidense en el comercio internacional y las transacciones financieras.
La motivación detrás de esta iniciativa responde a varios factores clave. Por un lado, la hegemonía del dólar en el comercio mundial expone a los países BRICS a políticas monetarias externas que no siempre coinciden con sus intereses económicos nacionales. Al establecer una moneda común, estos países podrían ganar autonomía en la gestión de sus asuntos monetarios y en las transacciones transfronterizas.
Además, una moneda unificada para BRICS podría potenciar notablemente la cooperación económica entre los miembros. Facilitaría la liquidación de operaciones comerciales, reduciría los costes de conversión de divisas y ayudaría a minimizar la exposición a las fluctuaciones de los tipos de cambio. Esta moneda también reforzaría el poder de negociación colectivo de los países BRICS en el sistema monetario internacional, contribuyendo a un entorno financiero multipolar con varias monedas de reserva coexistiendo.
Definir una fecha precisa para el lanzamiento de la moneda BRICS es complejo, dada la dificultad de crear un sistema monetario multinacional. En los últimos años, los países miembros han mantenido discusiones y estudios de viabilidad, aunque los avances hacia su implementación han sido graduales.
El lanzamiento de una nueva moneda internacional implica numerosos aspectos técnicos. Para ello, sería necesario crear una institución bancaria supranacional encargada de la política monetaria y la emisión de la moneda. Esta entidad debería coordinar las políticas económicas de cinco grandes economías emergentes, cada una con sistemas financieros y prioridades propias.
También será preciso que los países miembros acuerden cuestiones esenciales como los mecanismos de valoración monetaria, las políticas de tipo de cambio y la distribución de derechos de voto en el órgano de gobierno. El desarrollo de la infraestructura técnica para la circulación de la moneda, incluidos sistemas de pago y mecanismos de compensación, requeriría inversiones significativas.
Las consideraciones geopolíticas añaden dificultad al calendario. Cada país BRICS tiene distintos niveles de desarrollo económico, diferentes grados de internacionalización de su moneda y intereses estratégicos particulares. Armonizar estos factores en un marco monetario coherente exige una negociación y coordinación diplomática extensa.
Aunque los comunicados oficiales de las cumbres BRICS expresan interés sostenido en el proyecto, no se ha anunciado una fecha de lanzamiento. Los expertos financieros prevén que el lanzamiento requerirá aún varios años de preparación y coordinación.
La aparición de una moneda BRICS tendría efectos relevantes en la industria financiera global, pudiendo provocar una reestructuración de las relaciones monetarias internacionales. Uno de los impactos más destacados sería el reto al estatus del dólar estadounidense como principal moneda de reserva mundial.
El dólar ha dominado durante décadas el comercio y las finanzas internacionales, concentrando la mayoría de las reservas de divisas y sirviendo como referencia para la fijación de precios de materias primas. Una moneda BRICS viable podría erosionar gradualmente esta posición, ofreciendo a bancos centrales e inversores institucionales un activo alternativo de reserva. Este cambio favorecería una distribución más equilibrada del poder económico global, limitando la influencia de cualquier país sobre los mercados financieros internacionales.
La creación de una nueva moneda importante abriría oportunidades para instituciones financieras y empresas. Los bancos de países BRICS podrían diseñar productos y servicios financieros denominados en la moneda común. Los gestores de inversiones ampliarían sus opciones de diversificación, y las empresas que comercian entre países BRICS se beneficiarían de menores costes de transacción y riesgo cambiario.
El lanzamiento de la moneda BRICS podría también impulsar la innovación en sistemas de pago y tecnología financiera. Los miembros podrían colaborar en el desarrollo de infraestructuras avanzadas de pagos digitales, incorporando tecnología blockchain o características de moneda digital de banco central (CBDC). Esto situaría a la moneda BRICS como referente en innovación financiera.
No obstante, la transición conllevaría desafíos. Los mercados financieros podrían registrar volatilidad mientras los inversores ajustan sus carteras y reevaluan riesgos. Las relaciones entre el tipo de cambio de la nueva moneda BRICS y las principales divisas requerirían tiempo para estabilizarse. Además, los marcos regulatorios de los países miembros necesitarán armonización para fomentar operaciones financieras transfronterizas fluidas.
A pesar de que la fecha de lanzamiento sigue siendo incierta, el posible impacto de la moneda BRICS en la transformación del entorno financiero global es considerable. Esta iniciativa representa un avance hacia un sistema monetario multipolar que podría redefinir las relaciones económicas internacionales en las próximas décadas. Inversores, instituciones financieras y responsables políticos de todo el mundo siguen atentos el desarrollo, conscientes de que el éxito de la moneda BRICS constituiría un hito histórico en la evolución del sistema financiero global.
Para quienes buscan información sobre este proceso, resulta fundamental seguir los anuncios oficiales de las cumbres BRICS y los comunicados de los ministerios de finanzas de los países miembros. La creación de una moneda común por estas potencias emergentes puede influir en los mercados globales, convirtiéndose en un asunto crucial para quienes participan en finanzas e inversiones internacionales.
En enero de 2026, BRICS no ha anunciado una fecha oficial para el lanzamiento de una moneda común. Aunque los países miembros siguen debatiendo la creación de la moneda para reducir la dependencia del dólar, no existe aún un calendario confirmado.
La nueva moneda BRICS se denomina Unit, con un respaldo del 40 % en oro y el 60 % en monedas de los países miembros, ponderadas por igual entre las cinco divisas para mantener la estabilidad del valor transaccional.
No es probable que la moneda BRICS sustituya al dólar estadounidense en el corto plazo. La consolidada posición global del dólar y los retos de coordinación entre los países BRICS dificultan esta opción. Sin embargo, la moneda BRICS podría diversificar el sistema financiero internacional y reducir la dependencia de una sola divisa, favoreciendo un entorno monetario multipolar.
Los miembros de BRICS son Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto a nuevas incorporaciones como Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Todos los miembros apoyan la ampliación de la representación del sur global, el fortalecimiento de la cooperación económica y la reducción de la dependencia de los sistemas financieros dominados por Occidente a través de esta iniciativa monetaria.
La moneda BRICS es una divisa de cooperación regional para liquidaciones transfronterizas. El yuan digital es la moneda digital del banco central de China. Otras monedas digitales suelen ser criptomonedas determinadas por el mercado. La moneda BRICS destaca por su eficiencia en el comercio multilateral y la soberanía monetaria de los miembros.
La moneda BRICS reduce la dependencia del dólar estadounidense, mitiga el riesgo cambiario y mejora el estatus internacional de las divisas de los miembros. Esto disminuye la presión sobre las reservas de divisas y refuerza la estabilidad económica de los países en desarrollo.
La moneda BRICS se apoya en la tecnología blockchain y establece un sistema de pagos descentralizado que facilita el comercio entre los miembros, evitando la infraestructura de pagos controlada por Occidente.











