
La evolución de la World Wide Web ha atravesado distintas etapas, cada una marcada por capacidades tecnológicas y modos de interacción únicos. En la actualidad, el entorno de internet, dominado por grandes corporaciones tecnológicas, está experimentando un giro hacia la descentralización. Comprender las diferencias clave entre web2 y web3 es fundamental para anticipar el rumbo de la tecnología online y el empoderamiento de los usuarios.
La World Wide Web ha experimentado tres generaciones diferenciadas, cada una reflejando cambios tecnológicos y filosóficos profundos en la forma en que los usuarios interactúan con el contenido digital.
La primera generación, web1, apareció en 1989, cuando el informático británico Tim Berners-Lee desarrolló un sistema para compartir información entre ordenadores en el CERN. Esta versión inicial era, sobre todo, una plataforma "solo lectura", con páginas web estáticas enlazadas por hipervínculos. Los usuarios podían acceder a la información y consumirla, pero su capacidad de interacción o contribución era muy limitada. Web1 funcionaba como una enorme enciclopedia online, en la que el flujo de información iba solo de los creadores de contenido a los lectores.
La transición a web2 comenzó a mediados de los 2000 y supuso un cambio de paradigma hacia la interactividad. Esta generación introdujo la capacidad de "leer y escribir": los usuarios podían participar activamente en la creación de contenido en redes sociales, plataformas de vídeo y sitios de comercio electrónico. Podían comentar, compartir, escribir blogs y subir vídeos, transformando profundamente la interacción online. No obstante, una característica crucial de web2 es que las grandes tecnológicas son propietarias y controlan el contenido generado por los usuarios en sus plataformas, monetizándolo principalmente mediante publicidad.
Web3 representa la tercera generación, de naturaleza revolucionaria, surgida a partir de la tecnología blockchain introducida con Bitcoin en 2009. Este modelo descentralizado pretende transformar internet de una infraestructura bajo control corporativo a una red centrada en el usuario. El lanzamiento de Ethereum en 2015, con sus smart contracts, proporcionó la base técnica para las aplicaciones web3. El informático Gavin Wood acuñó el término "web3" para describir este cambio hacia la descentralización, cuyo objetivo es evolucionar del modelo "leer-escribir" de web2 a un paradigma "leer-escribir-ser propietario", otorgando a los usuarios control total de su contenido digital y su identidad.
La diferencia esencial entre web2 y web3 reside en su arquitectura y en sus modelos de gobernanza.
Web2 se basa en una estructura corporativa centralizada, donde las grandes tecnológicas controlan servidores, almacenamiento de datos y distribución de contenidos. Los usuarios interactúan con estas plataformas, pero no son dueños reales de su contenido ni de sus datos. Las decisiones estratégicas, políticas de contenido y monetización quedan en manos de estas compañías, que exigen normalmente la creación de cuentas y cesión de datos personales a cambio del acceso a los servicios.
Por el contrario, web3 funciona sobre redes descentralizadas de nodos que operan con tecnología blockchain. Esta arquitectura permite a los usuarios acceder a servicios mediante monederos de criptomonedas, sin necesidad de entregar información personal a entidades centrales. Los usuarios conservan la propiedad absoluta de su contenido y su identidad digital. Numerosas aplicaciones web3 emplean Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO) como mecanismo de gobernanza: los miembros de la comunidad con tokens de gobernanza pueden votar cambios en los protocolos y el desarrollo. Esta democracia directa contrasta con el modelo jerárquico de web2, repartiendo el poder entre los participantes en lugar de concentrarlo en equipos directivos.
Web2 y web3 presentan ventajas y desafíos muy distintos, que afectan la experiencia de usuario, la seguridad y la eficiencia operativa.
Entre las ventajas de web2 destacan la facilidad para escalar y la agilidad en la toma de decisiones, gracias a su estructura centralizada. Este modelo permite a las empresas implementar estrategias de crecimiento y adaptar operaciones rápidamente, sin necesitar consenso de la comunidad. Las plataformas web2 ofrecen interfaces intuitivas y accesibles, pensadas para usuarios sin conocimientos técnicos, con botones claros, buscadores y sistemas de inicio de sesión sencillos. Además, los servidores centralizados permiten un alto rendimiento y una resolución de disputas eficaz, ya que la autoridad central puede intervenir rápidamente para resolver incidencias y mantener el servicio.
No obstante, web2 plantea serios problemas de privacidad, ya que las grandes tecnológicas concentran buena parte del tráfico online y de los datos de los usuarios. Las críticas sobre la gestión de datos y la vigilancia son frecuentes. La centralización genera un único punto de fallo: un ataque o un problema en los servidores puede dejar fuera de servicio a múltiples webs dependientes, como ocurre con las caídas de servicios en la nube. Por otro lado, la propiedad sobre el contenido generado por los usuarios es solo parcial, ya que las compañías web2 deciden sobre él y suelen quedarse con un porcentaje de los ingresos que genera.
Web3 aporta mayor privacidad, derechos de propiedad y resistencia a la censura gracias a su diseño descentralizado y transparente. Los usuarios disfrutan de mayor libertad sobre su contenido y su identidad digital, sin intermediarios que controlen o moneticen sus datos. La arquitectura blockchain elimina los puntos únicos de fallo, ya que la caída de un nodo no afecta al sistema global. Además, las DAO permiten una gobernanza descentralizada, implicando a los poseedores de tokens en la evolución y las decisiones de los protocolos.
Sin embargo, web3 exige una curva de aprendizaje más alta para quienes no están familiarizados con monederos de criptomonedas y tecnología blockchain. La experiencia de usuario aún no es tan intuitiva como en los servicios web2, lo que requiere formación y práctica. Las operaciones en web3 suelen conllevar tarifas de gas, lo que puede hacer su uso menos asequible frente a muchas aplicaciones gratuitas de web2, aunque redes como Solana o soluciones de capa 2 de Ethereum ofrecen costes inferiores. Por último, la gobernanza basada en DAO puede ralentizar el desarrollo y la escalabilidad, ya que los procesos de votación requieren tiempo y pueden demorar decisiones críticas.
Acceder a aplicaciones web3 implica pasos y herramientas técnicas diferentes a los de plataformas web2 tradicionales.
El primer paso es descargar un monedero de criptomonedas compatible con la blockchain que vayas a utilizar. Para aplicaciones basadas en Ethereum, monederos como MetaMask o similares resultan adecuados. En el ecosistema Solana, existen monederos específicos para dicha red. Tras la configuración, conecta tu monedero a las dApps web3 mediante el botón "Connect Wallet" que suele aparecer en la página principal, un proceso similar al inicio de sesión en web2 pero sin necesidad de compartir datos personales: basta conectar el monedero.
Si eres nuevo en el ecosistema web3, servicios como dAppRadar y DeFiLlama ofrecen directorios completos de dApps populares en distintas blockchains. Estas plataformas permiten explorar categorías como juegos web3, marketplaces de NFT y protocolos DeFi. Filtrando por cadenas y categorías, puedes descubrir los protocolos web3 que mejor se adapten a tus intereses, familiarizándote poco a poco con las aplicaciones descentralizadas y sus particularidades.
La evolución de web1 a web2 y la llegada de web3 representa una transformación profunda de la arquitectura de internet y el papel del usuario. Aunque web2 incorporó la interactividad y el contenido generado por el usuario, también concentró el control y los datos en manos de grandes tecnológicas, generando inquietudes sobre privacidad y propiedad. Web3 busca resolver estos problemas con tecnología blockchain descentralizada, ofreciendo verdadera propiedad sobre el contenido digital y las identidades mediante redes peer-to-peer y smart contracts.
Sin embargo, este enfoque disruptivo implica sacrificios: web2, gracias a su centralización, ofrece mayor escalabilidad, interfaces más sencillas y operaciones eficientes, mientras que web3 prioriza la privacidad, la resistencia a la censura y la gobernanza democrática a cambio de una mayor complejidad y ciclos de desarrollo más lentos. La maduración de web3 plantea al sector tecnológico el reto de equilibrar los beneficios de la descentralización con la accesibilidad y la eficiencia operativa.
El futuro de internet probablemente pase por la convivencia e integración de ambos modelos: las plataformas web2 podrían incorporar elementos descentralizados, mientras que las aplicaciones web3 mejorarán en experiencia de usuario y escalabilidad. Entender estas diferencias entre web1, web2 y web3, así como los avances en el sector, resulta clave para navegar el entorno digital y tomar decisiones informadas sobre la gestión de la presencia online y los activos digitales. A medida que la tecnología blockchain avanza y los usuarios se familiarizan con las aplicaciones descentralizadas, la visión de web3 de una internet centrada en el usuario podría transformar progresivamente la relación de la sociedad con los servicios digitales y la gestión de la identidad online.
Web 1.0: contenido solo lectura. Web 2.0: plataformas sociales e interactivas. Web 3.0: internet descentralizada y de propiedad del usuario.
Las 4 generaciones son: Web 1.0 (estática), Web 2.0 (interactiva), Web 3.0 (semántica) y Web 4.0 (emergente, impulsada por inteligencia artificial).
Web 3.0 es una internet descentralizada basada en blockchain, centrada en el control de datos del usuario y en la integración de inteligencia artificial. Ejemplos: criptomonedas y aplicaciones descentralizadas (dApps).
Web2 es centralizada, mientras que Web3 es descentralizada y utiliza blockchain para interacciones sin intermediarios y propiedad de los datos. Web3 resiste la censura y otorga poder real a los usuarios.











